¿Cuál es el máximo de tortura humana qué podemos llegar a realizar?

9/26/2013

Tras pelearme conmigo misma durante tanto tiempo he llegado a una simple conclusión: 
Debo ponerme de acuerdo con mis pensamientos, coordinarme y hacer letras de todos los pensamientos que me rondan por la cabeza.
Hay muchos ritmos, temas, poemas, guiones...
Hay muchos pensamientos que rondan y que nunca son transmitidos tal y como solía hacer antes... 
Pero tengo esperanzas que poco a poco iré retomando el tiempo perdido que he malgastado durante este tiempo, mientras maldecía mi vida por no saber aprovechar mi tiempo... Increíble, paradójico e irónico, pero cierto...
(Intento de retomo de mi blog número: perdí la cuenta el año pasado) 
Dicho lo que debía, voy a lo mío:

¿Qué pasaría si te despiertas en una silla, encadenado de pies y manos, con unos auriculares puestos y con los ojos vendados con un pañuelo de algodón blanco que hace que se note que hay un exterior más allá de tu ser, gracias a la poca luz opaca que se aprecia a través de la tela fina que envuelve tus ojos?

El mayor detalle de toda la situación por parte del distribuidor de torturas es cuando te quita el auricular derecho y te menciona su interés por todo lo que está haciendo y te advierte de por qué no debes tergiversar la situación, - tiene que quedar claro que él no es ningún asesino en serie. "Tampoco estamos hablando de cámaras ocultas..."- tan sólo quiere comprobar si el loco se hace o se nace, y en cualquier caso... ¿la locura se transmite? Hubiera dudas o no, se iba a comprobar igualmente. 
El auricular derecho vuelve a tu oreja y de repente empieza a sonar 'Candles' de 'Daughter', ese tipo de música independiente que hace que se relaje hasta tu primo pequeño de siete años con TDAH. 
Eres tan listo que llegas hasta la conclusión de que quieren saber si estás loco o no, no sabes si es la copia exacta al protagonista de 'The Human Centipede' el que te está haciendo ésta especie de test, o si simplemente es algún psicólogo contratado por el Ministerio de Sanidad, pero desde luego, el olor que transmite a humedad y hongos el antro en el que estás encerrado, apesta a ilegal desde lejos. 
Estás al borde de la desesperación y ya no aguantas más sin decir nada, por lo tanto optas por chillar unas cuantas veces, pero para variar no tienes voz. No tienes voz o nadie te oye, aún no estás seguro de ello, es como en tus peores pesadillas, desde luego la cara de idiota que se te queda no te la quita nadie. 
Éso hace que la palpitación de tu corazón se acelere, además de que empiezas a sudar a niveles exagerados, además de peste a humedad, hace calor. Vives en el colmo de los colmos. - Ahora es cuando aparecería cualquiera delante tuyo para reírse de ti porque siempre te tienen que pasar todas las desgracias juntas. Y aparecería yo con mucho gusto, pero soy la narradora y no puedo estar en todos sitios, todavía no soy omnipresente... Así que te envío una carcajada cordial desde el espacio-tiempo. -

...

Ha llegado el momento...
De repente tras estar minutos que se hacen horas esperando, la venda poco a poco se va desatando. 
Tú tienes los ojos cerrados además de apretados al máximo, es curioso cómo de cobarde te vuelves en el último momento. Has tenido las narices de pensar en matar a la persona que te ha llevado a ésto, pero ahora no eres capaz ni de abrir los ojos... La verdad es que el ser humano es así de ilógico y no hace falta que lo intente justificar, básicamente porque es imposible.
Cuando ya te duelen hasta las muelas del juicio de tanto apretar las facciones de la cara - cuando en realidad sólo pretendes evitar ver -, y te empiezan a vibrar las pestañas mientras poco a poco vas abriendo los párpados con un "no sé qué" que hace que tu corazón esté al límite de los límites. 
Abres los ojos. Los abres al fin y sonríes pensando que gracias a la bendición divina sigues viendo y no han fastidiado tu maravillosa vista. 
Al principio ves un poco borroso, pero conforme vas parpadeando la vas viendo con más nitidez y la sonrisa tan marcada de tu rostro se te va distorsionando en una mueca desagradable hasta para el mimo más grosero de la Tierra.

"¿Cuál es el máximo de tortura humana que podemos llegar a realizar?" Es lo que te preguntas cuando la observas y te sientes indefenso al ver que ella no tiene el mísero detalle de desatarte, ni de quitarte 'Candles' que sigue sonando sin parar una y otra y otra vez, ni siquiera de sonreír por compasión. Te das pena incluso tú. 
El frío que ha sido provocado por las cadenas entre las manos se ha extendido por los brazos hasta llegar a todo tu cuerpo y ahora estás helado, aunque en realidad poner como excusa las cadenas queda genial ¿verdad? Es ella, como siempre. Ella siempre tiene la culpa.
Te vienen "flash-backs" de vosotros caminando por la playa cogidos de la manos en pleno invierno, de vosotros en coche viniendo de esquiar el fin de semana, de vosotros pasando el domingo entre manta y película los día que llovía, y de ella sola en el tren, mirándote sin compasión. Sin odio pero con pena.

Ahora mismo hasta la silla te va grande y de repente, tú cada segundo te sientes cien años más viejo y ella se va alejando más y más y más... 
Lloras y lloras, pero ya sin lágrimas. - En realidad hace rato que la nube negra se fue, pero como estabas entre "flash-backs" pues ni cuenta te diste de ello. - Te lamentas como tu primo hiperactivo de siete años, a base de meneo de cabeza y balanceo de la silla constantes hasta que caes hacia atrás.
Pero tal guantazo que al caer de repente vuelves a abrir los ojos.
Vuelves a abrir los ojos, en tu cama.

Otra vez te sientes indefenso: ante ti. 
Sintiendo sin sentidos entre sueños, pierdes la cordura.
Aunque ya no sé si la perdemos entre sueños... O nacemos sin ella.


You Might Also Like

1 comentarios

  1. Ha sido increíble lo que he llegado a sentir conforme avanzaba en la lectura del teto, decir que inclusive puse la música de "Daughter - Candle" en el momento que se menciona en el texto. Mientras la lectura avanzaba me deje engatusar por los sentimientos que la narradora pretendía transmitir con el fin de sentir todo aquello que narraba, con el fin de poder sentir lo que la narradora quería darnos a conocer respecto a su sentimiento mientras escribía.

    El "despertar" que mencionaste al final me recordó a esos momentos en los cuales te alzas de repente en la cama tras una pesadilla, con el cuerpo húmedo por el sudor frió y la respiración acelerada mientras observas a tu alrededor y piensas, con la misma cara desencajada pero con alegría interna, "menos mal, todo ha sido un sueño..." ¿Pero quien dice que el sueño no comienza en el preciso instante en el cual despiertas?

    Es ahora cuando puedo dar una respuesta o al menos una opinión respecto a la cordura: creo que a medida que pasan los años la perdemos poco a poco, pero vamos aprendiendo otras cosas que nos complementan como para poder llegar al final de nuestra vida con grandes experiencias que algún día, de una forma u otra, tendremos que agradecer el poderlas haber vivido y aprender de ellas...

    ResponderEliminar