"Anaísism"

12/26/2012

Cada vez tengo más claro el hecho de que estoy aquí para una actividad en concreto que a los que supuestamente me quieren, van a tener que sufrir: mi muerte. Me pregunto constantemente de qué sirve el hecho de estar aquí viviendo día a día para intentar llenar de vida mi propio ser. Es tan absurdo y a la vez necesario. Lucho por vivir "cómoda" algo que va a terminar sí o sí, que sé que terminará, pero no quiero pensar en ello porque sólo de hacerlo mi piel y mi sentido cordial se emblanquecen como la niebla porque no quiero reconocerme a mí misma que algún día de estos, yo, la persona que escribe esto a oscuras sin palabras que ronden mis oídos, ésta que es capaz de escribir con la mente, sin decir ni "m", moriré. Moriré por cualquier cosa, pero porque sí, porque tiene que pasarme pese a quien pese, incluso aunque me pese a mí. Tal vez resulte caótico que una adolescente de apenas diecisiete años piense en cosas tan "horrendas" como la muerte, pero tal vez es la sociedad la que no sea capaz de darse cuenta que la muerte es algo tan natural como la vida misma. Supongo que por ese hecho tan simple, cualquier cosa que me pueda encontrar a lo largo de mi vida (ya sea cara a cara o por cualquier vía/medio) no me llega a sorprender del todo. ¿por qué? porque pase lo que pase, si sucede es porque es posible, y yo creo en lo posible, por lo tanto que algo posible quiere decir que puede suceder.

Mi religión son mis ojos y mi ser, los que son capaces de demostrarme qué hay y qué no hay en la vida, qué podrá hacerme mal y qué no. Esa es mi religión. No hay ninguna "omnipresencia" que sea capaz de decirme qué es bien y qué es mal, porque ningún "Dios" nos creó jamás. Fuimos las personas, esos seres humanos sin fe en el destino que necesitan un apoyo moral para rogar por alguien/algo en una situación "in extremis" para así, poder limpiar su consciencia de manera radical, los que creamos ese "hecho" que cada vez que algo rompe nuestras reglas, nos puede ayudar aunque sea algo más que físico, moral. La gente me llama crítica y fría. Yo a mí misma me llamo Anaís y no crítica y fría sino realista. No os debería de sorprender nada de mí, puesto que yo existo y por lo tanto, puedo suceder tal cual estoy siendo. 

Por cierto, "Feliz Navidad".

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